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martes, 19 de junio de 2012

Las 7 medidas de Zoido para que sevillahoy haga el ridiculo ante la Unesco

1. Este Gobierno municipal no promovió ni apoyó la construcción del rascacielos de la Cartuja.
Calculo que esto le importa un güano al señor Rao o Raro y sus colegas

2. Ha comprobado que la torre ha cumplido con todos los requisitos legales necesarios.
Queda demostrado que el estado de derecho es algo que a los comites de la Unesco y a los icomos les suena, pero no saben muy bien de qué

3. Derribarla ahora tendría un coste de mas de 200 millones que la ciudad no puede asumir. 
En la lógica de la Unesco, si un elemento del patrimonio está realmente en peligro, no va a dejar de estarlo en función de los que cueste protegerlo, ¿no?

4. Otras ciudades en Europa con rascacielos muy cerca de monumentos o espacios declarados Patrimonio de la Humanidad y que no han sido incluidos en esa lista negra.
Hombre, por fin un argumento. Se supone que los criterior de la Unesco deben de ser comunes y generales, lo que vale para unos debe de valer para otros.

5. Sevilla está dispuesta a elaborar normas que impida que se vayan a edificar más rascacielos en el entorno del casco histórico -algo que hizo que Colonia saliese de la lista negra del patrimonio mundial. 
Otro argumento payaso. ¿Está definido ya el concepto paisaje urbano histórico, las alturas, las distancias,...? Se da por supuesto algo que aún no tiene definición ni concreción técnica ni jurídica, o lo vamos a crear nosotros. ¿A cuantos metros se podrá construir un rascacielos, a 1.500, a 2.500, a 3.500. etc...? 

6. Llevar a cabo iniciativas para proteger aún más los monumentos en cuestión, desde restringir el número de visitas 
Vamos a ver, esto ya es desbarrar. lo que tiene que defender es que los monumentos en cuestión son de los MEJOR CONSERVADOS Y PROTEGIDOS DEL MUNDO! ¿Pero ha habido alguna preocupación o aviso de los técnicos respecto al número de visitas que tiene? Esto suena ridículo

7. Hacer que cualquier proyecto en su entorno tenga que contar con el visto bueno de la Unesco.
Traca final, de peluca y trompetita. :cheer: ¿Pero no tenemos en España, Andalucía y Sevilla un corpus jurídico de los más avanzados del mundo en materia de protección del patrimonio? ¿No contamos con decenas de instituciones, cientos de científicos y técnicos, miles de funcionarios dedicados a esta tarea en todas las administraciones? ¿Es función de la Unesco sustituir a los organos y comisiones de Patrimonio de los paises? ¿Podrá cambiarse la moldura de una ventana de la calle Mateos Gago en un plazo inferior a ocho años? Por favor, como dice Rajoy, ¡Dejen de ponernos al nivel de Burkina Fasso!




fuentes y autor por Enhermar http://www.sevilla21.com/foro/viewtopic.php?f=5&t=5357&start=8050

martes, 7 de febrero de 2012

La Torre Cajasol

Desde que la semana pasada viera la luz un nuevo informe de ICOMOS alertando de los efectos negativos que sobre el paisaje de Sevilla tendría la construcción de la Torre Cajasol, diseñada por el arquitecto argentino César Pelli, en la ciudad no se ha hablado de otra cosa. Ni tan siquiera una nueva edición del derbi futbolístico consiguió atenuar el debate, hecho totalmente insólito, como han corroborado los más viejos y las memorias mejor dotadas del lugar.

De la Torre Cajasol se pueden decir y se han dicho muchas cosas, algo que la ha convertido en el fundamento de una nueva controversia dualista de esas a las que los sevillanos no somos nada aficionados y que enfrenta al bando de los fervientes defensores del proyecto con el de los detractores a capa y espada. Ante este panorama, se hace complicado obtener una idea concreta de la torre si se toma como referencia o como fuente de información la dialéctica y la argumentación exhibida tanto por unos como por otros pues, como ya sabemos, estas opiniones, que dependen en buena medida del puro raciocinio, lo hacen también de los gustos, de las ideologías e incluso de los sentimientos de sus legítimos dueños; y dios me libre de entrar a valorarlas y de, en función de esta evaluación, otorgar el carné de sevillanía a quienes emitan un juicio similar al mío o desterrar al Charco de la Pava a quienes no.

Ars inveniendi

En lo que sí voy a entrar es en el informe de ICOMOS y en los precedentes del mismo, algo que se hace imprescindible para entender cómo y por qué se ha reabierto y avivado el debate, no ya sobre la Torre Cajasol en sí, sino sobre la posibilidad real de que la administración local decida anular la licencia pública de construcción para evitar que la UNESCO, siempre en base a la información suministrada por ICOMOS, revoque las declaraciones de Patrimonio de la Humanidad de la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Índias o, en su defecto, incluya a Sevilla en la lista de ciudades con patrimonio en peligro.

Tras una primera lectura del dossier es fácil detectar una serie de curiosidades, las más destacadas señaladas a continuación, que nos pone sobre aviso del tipo de documento al que nos estamos enfrentando.

La primera de ellas es la afirmación de que la torre se encuentra, aproximadamente, a 600 metros del Real Alcázar, lo cual es simple y llanamente mentira. Si cualquier persona con un mínimo de conocimientos de geografía y del uso de las escalas puede determinar sobre un plano que la distancia ronda los 1700 metros, ¿cómo es posible que José Aguiar, de la Universidad de Lisboa, y Elvira Petroncelli, de la Universidad de Nápoles Francisco II, a la postre redactores del informe de ICOMOS, no sean capaces de dar una cifra siquiera aproximada a la real, llegando a cometer un error relativo del 65%? Es inaceptable este disparate, y, por consiguiente, lo es también un informe que basa su argumentación y sus conclusiones sobre un tema tan sensible en unas relaciones de proximidad en las que, de entrada, los datos son falsos.

Ante esta desfachatez, no ha tardado mucho en aparecer en escena el activista local antitorre Víctor Fernández Salinas (Túmbala), casualmente secretario del comité español de ICOMOS, asegurando que esa errata no invalida el análisis técnico, jactándose de que la UNESCO no dará ninguna importancia a la misma y argumentando que “el informe está muy bien hecho” (sic).

A continuación, encontramos que otra de las consideraciones de los autores del informe ha sido el llamamiento realizado por muchas organizaciones no gubernamentales y partes interesadas para que se detuviera la construcción de la torre. ¿Sabría usted decir el nombre de una de ellas? Efectivamente, se trata de la plataforma Túmbala, la misma a la que está vinculado Víctor Fernández Salinas, el cual, como hemos comentado anteriormente, pertenece al organigrama del comité español de ICOMOS, yo me lo guiso, yo me lo como.

Llegados a este punto, y teniendo en cuenta que la motivación del informe es el estudio de la incidencia que sobre los edificios declarados Patrimonio de la Humanidad pueda tener la Torre Cajasol, no queda más remedio que preguntarse sobre cómo influiría en esa afectación el hecho de que muchas organizaciones se hayan manifestado contrarias a la torre, y, si una excepcional alineación de planetas hiciera posible el referido ascendiente, preguntarse por qué se desestiman las hipotéticas influencias positivas que pudieran derivarse del apoyo explícito que han mostrado al proyecto otras muchas asociaciones, algo a lo que se evita hacer alusión. Por otro lado, en un texto tan cuidadoso en lo que a las cifras se refiere, ¿no se podía haber incluido el número exacto de asociaciones a las que se hace referencia y la denominación oficial de las mismas? No es asunto baladí pues el muchas se podría entender perfectamente como el archiconocido abarrotá del Dúo Sacapuntas, y lo que en un principio se pinta como una infinidad puede acabar no siendo más que un puñado; y humo, mucho humo.

En cualquier caso, resulta cuanto menos curiosa la forma de presentar unas opiniones contrarias a la torre, convenientemente justificadas o no, como un valor añadido meramente por ser de un cariz negativo en lo referente a la construcción, algo que hubiera causado estragos, por ejemplo, si se hubiese dado validez a las críticas que desde distintos sectores se dirigieron contra la faraónica propuesta de Aníbal González para la Exposición Iberoamericana de 1929 y se hubiera actuado en consecuencia, privando a Sevilla de uno de los monumentos más representativos y de mayor solera de la ciudad: la Plaza de España.

En tercer lugar, el informe alerta del elevado ritmo de construcción de la torre, algo a todas luces irrelevante cuando se trata de dilucidar la afectación de la totalidad del proyecto sobre los edificios declarados Patrimonio de la Humanidad. Tendría sentido esta advertencia si la velocidad a la que se levantan las plantas produjera un efecto de succión en el fluido que rodea al edificio tal que llegara a propagarse por el mismo una tensión horizontal atractiva sobre la Giralda suficientemente intensa como para llevarla a su umbral de inestabilidad, poniendo en serio peligro la integridad del alminar almohade, pero como el avance es de una planta cada quince días –y no el reflejado en el documento, que habla de una planta por semana–, resulta inmediato concluir que, por el momento, podemos respirar tranquilos.

La siguiente curiosidad destacable del documento es la que atañe al aumento del tráfico en las proximidades de la torre una vez que estuviera concluida, señalando el incremento de los índices de contaminación en toda la ciudad que esta circunstancia acarrearía. En cuanto al aumento tráfico, se puede aceptar que existe cierto fundamento aunque, considerando que se está mejorando la oferta de transporte público y que, si fuera necesario, la administración local reforzaría las líneas que prestan servicio en la zona afectada, se complica sobremanera establecer a priori una cifra total de nuevos desplazamientos.

De todos modos, resulta un tanto descabellado inferir que el aumento del tráfico en las proximidades de la Torre Cajasol determinaría necesariamente un incremento de la polución en la ciudad pues lo que se produciría, a lo sumo y siempre y cuando rechazáramos de pleno el fenómeno de la bilocación, sería un simple trasvase del tráfico de otras zonas de la ciudad y del área metropolitana, no viéndose afectados los índices referidos.

Pero no queda ahí la cosa, no. La retahíla de imprecisiones e incorrecciones que he señalado se continúa con una amalgama de juicios de carácter metafísico sobre la quinta essentia de la ciudad. Así, en un informe que se suponía técnico, nos topamos con expresiones como “quien no ha visto Sevilla, no ha visto maravilla”, datada en el siglo XVII, lo que da una idea de hasta dónde va a permitir ICOMOS que lleguen las aspiraciones de Sevilla en el sentido de compaginar su historia con una visión contemporánea de la ciudad, o como “la indiscutible realeza de la Giralda en el paisaje urbano actual”, un guiño a la ley no escrita que dicta que no se puede construir ninguna edificación que supere en altura al alminar almohade, e incluso el lamento por el cambio dramático de la importancia y significación de la Giralda que provocaría la Torre Cajasol cuando se avistase la primera desde ciertos ejes visuales, en particular los que ofrecen lugares tan emblemáticos como el Cerro Blanco y el Cerro de Santa Brígida (sic).

Ars disserendi

Pues bien, en toda esta serie de milongas se basan José Aguiar y Elvira Petroncelli para concluir que “la Torre Pelli-Cajasol tiene un impacto excesivo y sin duda negativo sobre el territorio de transición y en la percepción de las tres edificaciones declaradas Patrimonio de la Humanidad”, lo que contradice en cierta medida lo expuesto en el informe de ICOMOS presentado ante la UNESCO en el año 2010, esto es, que no existe afección visual directa sobre los tres monumentos. Así pues, nos encontramos con que de dosdossieres preparados por la misma organización sobre la afectación que el mismo proyecto de construcción tiene sobre la misma terna de monumentos se deducen una cosa y la contraria. El caso es que contradicciones, lo que se dice contradicciones, las podemos encontrar en el que recientemente ha salido a la luz, por ejemplo, cuando se dice que la torre está en la zona protegida y a la vez fuera de ella. Pero es que si nos retrotraemos al año 2009 encontramos la opinión del afamado urbanista francés George Zouain, ex director de Patrimonio Mundial de la UNESCO, que se había desplazado a Sevilla como enviado de ICOMOS para estudiar el caso sobre el terreno, concluyendo que el impacto de la torre sería positivo.

Ante esta cronología, no hace falta ser un lince para percatarse de que algo se está cociendo entre bastidores y para olerse que la pública y abierta oposición que el comité español de ICOMOS ha mostrado al proyecto desde un primer momento, trasladada convenientemente al conjunto de miembros de la organización mediante sutiles presiones internas o simplemente por puro corporativismo, podría haber tenido algo que ver. De hecho, muchas de las mentiras de e imprecisiones que aparecen en los informes de ICOMOS no son más que el producto de haber tomado como única fuente el que presentó el comité español en el año 2008 y los sucesivos refritos que del mismo se obtuvieron.

Tras esto, Aguiar y Petroncelli, que si se hubiesen propuesto demostrar que La Tierra es plana, a tenor del rigor y la meticulosidad de los que han hecho gala en el asunto que nos ocupa, a buen seguro lo hubieran conseguido, se permiten la licencia de instar a la autoridad local a encontrar formas de detener la construcción de la Torre Cajasol y revisar el proyecto a consecuencia del impacto que ésta podría tener sobre el contexto histórico cercano y sobre las tres edificaciones declaradas Patrimonio de la Humanidad. Obviamente, como no se acaba de definir en qué consistiría exactamente ese impacto, se ven obligados a abstenerse a la hora de dar datos sobre cuál sería la altura máxima a la que, a juicio de ellos, no habría afectación sobre la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Índias. Y no, no es ninguna tontería este aspecto pues la indemnización que el Ayuntamiento tendría que abonar a la promotora si éste decidiera anular o modificar unilateralmente la licencia pública de obra dependería, lógicamente, del número de plantas que se dejaran sin construir.

De esta forma, ICOMOS sitúa al Consistorio ante un serio dilema: ¿ha de afrontar de forma inmediata dicha compensación para evitar perder las declaraciones de Patrimonio de la Humanidad, arriesgándose a que dentro de un año vuelvan a aparecer estos mismos señores fijando una cota máxima edificable mayor que la autorizada tras la revisión de la licencia municipal, habiendo forzado entonces ICOMOS al Ayuntamiento a responder con una indemnización mayor que la que realmente era necesaria o, por el contrario, ha de permitir que se siga construyendo la torre porque las arcas públicas no están en situación para afrontar un brete de esta envergadura y rezar por que no aparezca nunca ICOMOS fijando una cota máxima edificable que en ese momento ya hubiera sido rebasada?

Naturalmente, este dilema se traduce también en una falta de seguridad jurídica para las promotoras, que, habiendo satisfecho todos los pasos legales requeridos para la obtención de la licencia y estando ésta concedida, podrían comprobar cómo la anuencia se convierte en papel mojado en un abrir y cerrar de ojos en el momento en que a algún miembro de ICOMOS se le metiera entre ceja y ceja su paralización argumentando, por ejemplo, motivos tan peregrinos como la afectación del eje visual de tal o de cual monumento cuando es observado desde uno de los vomitorios del Platillo Volante de la Palmera.

Y después de varios años estudiando el proyecto de la Torre Cajasol, ¿cómo es posible que ICOMOS no haya sido capaz aún de definir el alcance del impacto y un umbral de altura que impidiera la interferencia de la misma con los monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad? Tal y como ocurrió antes, volvemos a encontrar la respuesta en la cronología.

Como las conclusiones de la visita de George Zouain (“el impacto de la torre será positivo”) no fueron del agrado de quienes desde dentro de ICOMOS se oponían al proyecto, se insistió ante Patrimonio Mundial de la UNESCO en la necesidad de crear una zona de amortiguamiento de los tres monumentos de mayor área que la que resultaba de considerar los cincuenta metros adicionales al perímetro de los mismos que marca la legislación andaluza. Así, en el año 2010, la UNESCO aprueba una zona de amortiguación de 205 hectáreas, resultando la distancia entre la misma y la Torre Cajasol de 850 metros, y alcanzándose ésta en el Puente de Isabel II (Puente de Triana). Y como esta nueva definición de zona protegida tampoco fue suficiente para que la UNESCO, tras considerar el informe presentado por ICOMOS en el año 2011, decidiera plantarse y ordenar la paralización de la torre so pena de revocar las declaraciones de Patrimonio de la Humanidad, ¿saben ustedes qué han propuesto en este dossier que nos ocupa los señores de ICOMOS? Exactamente, Aguiar y Petroncelli consideran que sería conveniente que se volviera a ampliar la zona de amortiguamiento, en esta ocasión por la ribera oeste de la dársena del Guadalquivir y de forma continuada hasta la Cartuja, es decir, extenderla de tal manera que acabe solapando el emplazamiento donde se está construyendo la torre, algo que, en definitiva, no se trata más que de una paradigmática aplicación del manido procedimiento que pasara a formar parte del imaginario colectivo bajo la denominación de Teorema del punto gordo.

En efecto, como los informes firmados por los miembros de ICOMOS no han podido probar en ningún momento que la torre incidiera negativamente sobre los monumentos que gozan de la declaración de Patrimonio de la Humanidad ni sobre la zona de amortiguamiento, han ido sugiriendo a la UNESCO la ampliación de ésta, llegando en última instancia a solicitar llevar su perímetro hasta donde haga falta con tal de que la torre quede contenida en ella. Y, ojo, que el motivo por el que se sugiere la ampliación no es la protección y mejor conservación del patrimonio sino, textualmente, “frenar la presión urbanística” (sic). Naturalmente, si se aprobara esta nueva redefinición de la zona de amortiguamiento, el siguiente paso sería aplicar con retroactividad el criterio de protección de la misma, quedando la Torre Cajasol, ahora sí, en una situación nada halagüeña.

Ciertamente, el único interés de ICOMOS, alimentado por su comité español y por el reconocido activista antitorre que forma parte de su organigrama, ha sido el de evitar por todos los medios su construcción, utilizando para ello todas las herramientas que ha tenido a su alcance, incluyendo en su informe ex professo burdas mentiras, premeditadas imprecisiones, el obviar información que de alguna manera podía ser favorable para proyecto y, lo más grave, la continua extorsión a la ciudad de Sevilla.

Ars meretricium

¿Por qué permite Sevilla que la ninguneen de esta manera? Para responder sería necesario precisar quién es Sevilla, al menos en el sentido de determinar qué instituciones, colectivos e individualidades son los que tienen voz, voto o ambas cosas a la vez para permitir o rechazar el chantaje y, en definitiva, identificar a todos los actores de esta commedia. De esta forma se establece una línea que, en base a la capacidad de maniobra y de decisión que poseen, segrega al poder político y a la propia Cajasol del resto de los grupos. Después, se puede considerar un plano medio en el que se encontraría el conjunto de creadores profesionales de opinión, esto es, la prensa. Y, posteriormente, la sociedad civil, dividida a su vez en un ámbito colectivo (asociaciones, plataformas, etcétera) y en otro de carácter individual.

En relación al último grupo, existe una encuesta del Centro Andaluz de Prospectiva que sitúa el apoyo a la construcción de la Torre Cajasol en el 40,1%, llegando las opiniones contrarias al 24,8% del total. Lo cierto es que el hecho de que este sondeo se realizara antes de la publicación de la joyita de informe de ICOMOS, y a tenor de las reacciones que se han producido tras conocer el contenido mismo, hace pensar que la diferencia entre partidarios y detractores se ha acrecentado considerablemente.

Por otro lado, en el ámbito de las asociaciones sí se aprecia más ruido por parte de las que están en contra, entre ellas, una de las instigadoras de la situación actual, la cual no ha mostrado ningún tipo de reparo ante las mentiras vertidas en el informe, quizás por haber tomado como bandera aquello de que el fin justifica los medios. Tampoco es de extrañar pues, como todos sabemos, son más escandalosas y vehementes las manifestaciones contrarias a cualquier elemento que las que son a favor, y no digamos ya en el caso de las neutrales.

En la prensa, en general, si obviamos algunos momentos de confusión y la errónea identificación de ICOMOS y sus dictámenes con Patrimonio Mundial de la UNESCO y los suyos, aun reinando la neutralidad, se echa en falta un análisis en profundidad de los informes que, más allá de citar las conclusiones y las recomendaciones, vaya al fondo del asunto denunciando las mentiras, el resto de banalidades que han sido tenidas en cuenta en la elaboración de los mismos y la cronología basada en el Teorema del punto gordo.

Mención especial merece en este sentido el caso del diario ABC, que retiró de su edición digital una votación a los pocos minutos de haberla iniciado a consecuencia de que iba a reventar el contador de los votos a favor de la torre, y que, por otro lado, ha estado animando el cotarro con titulares como Zoido suspende hoy la licencia de la Torre Pelli tras el varapalo de Unesco, cuando la noticia era que Zoido había instado a Urbanismo a estudiar las posibilidades de suspenderla, amén del cálculo de la indemnización, o comoCajasol continúa la torre Pelli y echa un pulso al Ayuntamiento, cuando la noticia era que el Consistorio y Cajasol habían llegado a un acuerdo para no detener las obras al menos hasta el momento en que la segunda presentara sus alegaciones al informe de ICOMOS.

Lo cierto es que tampoco se podía esperar otra cosa de un medio de comunicación cuyos asalariados han gastado tantos cartuchos explicando anodinamente que el mayor impacto de la torre tiene su origen en la megalomanía de quien la propuso, obviando precisamente el lema asociado a uno de los monumentos supuestamente afectados, esto es, fagamos una iglesia tal e tan grande que los que la vieren acabada nos tengan por locos –¡toma megalomanía!–, o intentando bravuconamente equiparar a los modernosque están a favor de la construcción de la torre con los modernos que en el pasado apostaron por la destrucción de gran parte del patrimonio de la ciudad, tantos cartuchos han gastado en estas tareas, digo, que en el momento en que se les ha puesto el informe a tiro no les quedaba pólvora ni para disparar una triste bala de fogueo.

Por otro lado, Cajasol, promotora de la obra, ha demostrado moverse con mucho sentido común en este asunto, incluso cuando desde las plataformas antitorre, desde el periódico ABC y desde el propio Ayuntamiento se ha pretendido trasladar a esta entidad y a su empeño por continuar la construcción la responsabilidad de la hipotética descatalogación de los monumentos. Su decisión se fundamenta en tres puntos. El primero, que la torre dispone de una licencia completamente legal. El segundo, su intención de presentar una completa serie de alegaciones al informe de ICOMOS que hace pocos días vio la luz. El tercero, que Patrimonio Mundial de la UNESCO ya resolvió que no había afectación sobre la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Índias.

Y con esto llegamos al elemento que, motu proprio, tiene la capacidad de decidir que la suerte de Sevilla sea la de claudicar ante la extorsión de ICOMOS o la de rebelarse contra este organismo y desterrar al Charco de la Pava a los golfos que urdieron el informe. El problema aquí es que Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla –y hombre cuyo afán por la protección del patrimonio de la ciudad le llevó a dar luz verde a la instalación de las carpas, tenderetes y puestecillos que durante todo el mes de diciembre ocultaron la fachada principal del Palacio de San Telmo y gran parte de la Catedral y del Archivo de Índias–, siempre se ha mostrado contrario a una torre que considera innecesaria. No en vano, pocos días después de su investidura ordenaba que se hiciera una revisión minuciosa de la licencia de construcción, y así lo reconocía, con la esperanza de encontrar alguna irregularidad que permitiera detener el desarrollo de la obra sin necesidad de pasar por caja. ¡Y anda que no estaba tristón el día que le tocó admitir que todo estaba en orden!

¿Y cómo reaccionó Zoido tras la publicación del informe? Pues como era de esperar: escudándose en él para continuar defendiendo que la torre hay que pararla como sea porque lo contrario, en su opinión, tendría unas consecuencias aciagas para la ciudad. El caso es que, sin tener en cuenta las realizadas a la propuesta de paralización, no ha hecho absolutamente ninguna referencia al contenido del dossier, ni tan siquiera cuando ha sido cuestionado expresamente al respecto, de donde se deduce que, teniendo conocimiento de las barbaridades que se dicen en el mismo, porque lo tiene, ha decidido ponerse las anteojeras y tirar hacia delante. Y hacia delante ha tirado haciendo el más completo de los ridículos, esto es, permitiéndose por el camino responsabilizar a Cajasol del perjuicio que para la ciudad supondría que continuaran las obras, comunicando por escrito al presidente de la Junta de Andalucía que había ordenado la paralización cautelar de los trabajos y, pocos minutos después, compareciendo ante los medios declarando que la Torre Cajasol no se iba a parar y que el Ayuntamiento quedaba a la espera de las alegaciones de Cajasol al informe.

Concluyendo, esta es la situación que explica que a ICOMOS le esté durado tanto la mecha: la presión de un colectivo local antitorre estrechamente relacionado con el comité español de esta organización para que el asunto no quede guardado en un cajón, todo ello con la inestimable colaboración del alcalde y de ciertos medios de comunicación que se han afanado en silenciar el contenido del informe y en actuar como si sus recomendaciones, por supuesto afines a las tesis que éstos defienden y precisamente por ello, fueran un dogma de fe, aceptando de buen grado someter a Sevilla al chantaje de tener que pagar una indemnización millonaria por paralizar un edificio a todas luces legal so pena de urgir a la UNESCO para que revoque las declaraciones de Patrimonio de la Humanidad de los tres monumentos sevillanos que gozan de ellas.

Llegados a este punto, y teniendo también presente que ciudades como Berlín, Colonia, Londres, México D.F. o Viena no vieron comprometidas las declaraciones patrimoniales de ciertos monumentos cuando construyeron edificios más altos que la Torre Cajasol y más cercanos a los mismos de lo que se encuentra ésta de la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Índias, es totalmente comprensible que la dama Sevilla, desde el diván, se confiese con su psiquiatra en los términos que siguen a continuación:

Fíjese bien, a otras se lo regalaban sin pestañear e incluso se dejaban y se dejan querer mientras protestan exigiendo más y más y más aún. Pero a mí me lo negaban y me lo siguen negando cada día, a cada instante, a menos que... eso, ya lo he dicho, a menos que me dejase follar por el primero de turno que quisiera.

En definitiva, que a estos mequetrefes, con tal de ver satisfechos sus caprichos, no les está importando poner a Sevilla en una tesitura que queda amargamente descrita en esta lacónica sentencia:

Ser puta y poner la cama.

viernes, 8 de julio de 2011

El centrismo invertebrado, la necesidad de la unificación del centrismo y la vertebración de un proyecto centrista integrador.





Hoy leyendo la España invertebrada de Ortegga y Gaset me ha traído muchos recuerdos a los problemas del centrismo actual. Durante los últimos 10 años los centrismos nos hemos ido dividiendo en grupúsculos políticos con un particularismo político, encerrándonos en nuestras propias formaciones política y olvidando que somos parte de un todo centrista, es decir que el CDL no tiene ninguna fuerza real sin colaboración del CCD, CDS o Foro centro y Democracia. El centrismo actualmente es un fenómeno ideológico marginal debido al intento de cada formación en tener victorias pírricas excluyentes. Es decir ¿de qué sirve tener 17 concejales o 55 concejales? ¿De qué sirve tener 100 o 500 afiliados?? ¿ De qué sirve tener 30 partidos de centro ?




Es necesario que todos nos unamos en un congreso unificado, y único, donde iniciemos nuestra lucha. La división de los partidos centristasr solo demuestra que no queremos luchar, si no simplemente vencer. Sin embargo, como esto no es posible, nos conformamos en vivir de ilusiones, y nos contentamos con proclamarnos ilusamente vencedores en nuestra charlas de café, debates internos y simplemente en nuestra imaginación. Quien desea enserio ambicionar la victoria deberá contar con los demás, aunar fuerzas y como decía Renan “excluir toda exclusión” . A Fabián, a mi buen amigo David, a Sean O Cunner, a mi buena amiga Fátima, a Javier García Nuñez, a Javier Fernadez Cordova, a José Luis Martínez Lledo y cualquier centrista de corazón solo os puedo dedicar una frase que dijo Ortegga y Gasset en su libro España invertebrada: "Cualquiera tiene fuerza para deshacer, pero nadie tiene la fuerza de hacer, ni siquiera para asegurar sus propios derechos".

El centro actualmente esta divido, y sus recursos humanos, técnicos y económicos destinados a una lucha fracticida que solo beneficia a nuestros rivales. Por culpa de éstos no podemos reclamar nuestros derechos históricos como fuerza ideológica en esta España democrática amenazada por la ambición de los bipartidistas.La actual situación política del centrismo me trae muchos recuerdos a los pronuncionamientos del siglo XIX. En el siglo XIX estos generales estaban convencidos de que sus ideas, no como está convencido un hombre común de sus ideas, si no como suelen estar los locos y los imbéciles, (cuando un loco o un imbécil se convence de algo entonces no se da por convencido él mismo, si no cree que todos los demás mortales opina igual que él, y con “pronunciar” su opinión, todo el que no sea un miserable le dará la razón mágicamente). Es decir no poner ningún tipo de esfuerzo en persuadir a los demás. Pero entonces los generales y coroneles que se pronunciaron creían que con dar un grito en un cuartel esos gritos resonarían en toda España. La consecuencia de esto era que los conspiradores no preparaban grandes grupos de batalla, ni buscaban una mayor adhesión a su causa, tampoco creían necesario luchar para conseguir el triunfo. Es decir ellos pensaban que casi todo el mundo pensaba como ellos de forma secreta, y que con solo PRONUNCIAR UNA FRASE, obtendrían sus victorias. Claramente ellos no iban a luchar, solo iban a tomar posesión del poder público. En el centrismo pasa lo mismo, hay gente que se cree que con pronunciar un discurso, una frase, unas buenas palabras conseguirá unificar al centrismo. No señores, esto solo se consigue comprendiendo que nuestros rivales ( el POSE y el PP) son rivales que existen, que son poderosos y por tanto peligrosos para los intereses del centrismo. Por ende comprenderán que es necesario e inevitable la mayor colaboración posible de todas las fuerzas centristas para conseguir batir cívicamente a los rivales políticos, es decir la unificación clara y rotunda del centrismo político. Esto se conseguirá empleando todos los resortes de la dialéctica, con las mejores palabra, con las grandes astucias, con la utilización de la persuasión política para enrolar al mayor número de fuerzas centristas en este espíritu que personalmente llamo "el espíritu combativo del centrismo", a diferencia del otro espíritu, el espíritu triunfalista del centrismo que acciona del modo inverso: no utilizará la dialéctica para convencer, reducirá su número para repartir entre pocas menos el botín de la victoria y marchará por la acción directa a tomar posesión de los conquistados.
En los últimos años el centrismo que ha surgido de la mano de Francisco Cabra, creía que tenía ganada la batalla de antemano. Ahora bien, yo me pregunto ¿para quien la tenía ganada? ¿para él o para el centrismo? Creo que todos los que estamos leyendo este artículo conocemos el espíritu triunfalista de Cabra y su séquito (Cesar Román, y demás). Ese espíritu no era por el centrismo, si no por sus propios intereses, que desconozco cual sería, pero la demostración clara y rotunda era que aplicó la doctrina triunfalista.

Creo que es hora de aplique la doctrina del espíritu combativo del centrismo, creo que es posible conseguir los objetivos políticos (pero que no conseguiremos sin antes esforzarnos y en pensar que todos y cada uno de nosotros, somos necesarios) que nos hemos marcado, pero para conseguir esos objetivos tenemos que tener en claro que el camino será duro, costoso y sacrificado, pero es nuestro deber luchar por nuestro país y por la democracia, esa lucha conlleva una lucha por la unificación del centrismo.


Existen rivales que desean que el centrismo desaparezca en las brumas de la historia, quienes nos pondrán trabas. Pero tenemos que vencer cívicamente y utilizando la dialéctica del argumento para ganar estas partidas.
El futuro del centrismo no esta escrito, pero ese futuro será escrito con esfuerzo, sudor y constancia de los centristas. Por eso una vez más abogo por las palabras de Renan, “excluyamos a los exclusiones” y aboguemos por una federación centrista


Todos somos necesarios en esta lucha por la unificación y por inicia una 2º transición política que haga nuestra democracia recortada por los dos poderes políticos hegemónicos una autentica democracia plena. Pero muchos se preguntarán cual es el fin de la unidad del centrismo ¿para sentarnos a tomar un café y celebrar un congreso para charlar sobre como arreglar los problemas de España pero sin acción? Todo lo contrario, la unión se hace para lanzar a los cuatros vientos toda la energía del centrismo, para inundar a España, para crear un poder político hegemónico mas amplio que tenga la intención de representar a los ciudadanos y ejercer el poder ejecutivo en España con el claro objetivo de llevar a cabo las reformas que nuestra Nación necesita.



Ya hemos soñado demasiado, ahora es el momento de actuar.

Firmado: Jesús De La Cruz